
El protocolo es esencialmente una convención uniforme armonizada con las reglas oficiales, pero en la cual también se deja entrever las relaciones de jerarquía y poder entre los países. De este modo, se puede decir que el protocolo es, en primer lugar un conjunto de reglas codificadas, que tienen por objeto evitar incidentes y malentendidos, y que al estar regidas por normas y usos oficiales sirven para orientar al conjunto de los funcionarios públicos.
En el ámbito de las relaciones internacionales, las actividades de los actores internacionales provienen de culturas y costumbres diferentes, y en su mayoría estos actores son o representan entidades como sujetos de derecho internacional y no siempre suelen actuar en el seno de sistemas comparables. Asimismo, las cuestiones de jerarquías suelen cobrar importancia a estos niveles. Frente a esto, a través del protocolo se logra instalar una regla uniforme en el ámbito de las actividades oficiales, con el fin de reducir los riesgos de malentendidos y conceder a cada actor las consideraciones correspondientes a su rango.
De este modo, las reglas de protocolo tienen por objeto, entre otras cosas, identificar a la autoridad competente, precisar las vías de comunicación entre los actores, clarificar las intenciones, resolver los problemas de igualdad simbólica de informaciones entre actores y planos de peso diverso y costumbres distintas.
En el caso de llevarse a cabo encuentros y ceremonias, es importante que todo se realice a un determinado ritmo, evitando confusiones y pérdida de tiempo; en particular, porque las personalidades de determinado nivel, suelen encontrarse durante tiempos reducidos y en escasas ocasiones, por lo que no hay tiempo para que se ajusten cuestiones estructurales.
La aplicación del protocolo, con todo lo exigente que sea, resulta un desafío para evitar problemas mayores, pretendiéndose de este modo facilitar, por ejemplo, el sentido de una comunicación entre personalidades, las cuales deben reconocer mutuamente sus funciones e intentar comunicarse a través de mensajes nítidos, cualesquiera que sean las diferencias culturales, la calidad de las relaciones o el desorden que pueda existir en el ambiente donde se desarrolla el encuentro.
En las actividades de carácter protocolar puede percibirse lo que se denomina el arte de la puesta en escena, que tiene su base en el objeto de poder honrarse unos a otros, no sólo según su rango, sino que a esta formalidad se le suele añadir, dado el caso, un sentimiento determinado que se quiere expresar durante el encuentro.
Un aspecto importante del protocolo, que requiere mucha experiencia y creatividad, es lo relacionado con el sentido propio que se desea plasmar a través de proveer originalidad en la organización de un acontecimiento de carácter protocolar, que a menudo es indispensable, siempre en el marco general de lo establecido por las normas.
La práctica del protocolo debe abstenerse de un formalismo excesivo que suele ser bastante frecuente. De este modo, es el sentido común el que debe permitir acercarse a las reglas establecidas, en general, por medio de la experiencia.
En el ámbito de las relaciones internacionales, las actividades de los actores internacionales provienen de culturas y costumbres diferentes, y en su mayoría estos actores son o representan entidades como sujetos de derecho internacional y no siempre suelen actuar en el seno de sistemas comparables. Asimismo, las cuestiones de jerarquías suelen cobrar importancia a estos niveles. Frente a esto, a través del protocolo se logra instalar una regla uniforme en el ámbito de las actividades oficiales, con el fin de reducir los riesgos de malentendidos y conceder a cada actor las consideraciones correspondientes a su rango.
De este modo, las reglas de protocolo tienen por objeto, entre otras cosas, identificar a la autoridad competente, precisar las vías de comunicación entre los actores, clarificar las intenciones, resolver los problemas de igualdad simbólica de informaciones entre actores y planos de peso diverso y costumbres distintas.
En el caso de llevarse a cabo encuentros y ceremonias, es importante que todo se realice a un determinado ritmo, evitando confusiones y pérdida de tiempo; en particular, porque las personalidades de determinado nivel, suelen encontrarse durante tiempos reducidos y en escasas ocasiones, por lo que no hay tiempo para que se ajusten cuestiones estructurales.
La aplicación del protocolo, con todo lo exigente que sea, resulta un desafío para evitar problemas mayores, pretendiéndose de este modo facilitar, por ejemplo, el sentido de una comunicación entre personalidades, las cuales deben reconocer mutuamente sus funciones e intentar comunicarse a través de mensajes nítidos, cualesquiera que sean las diferencias culturales, la calidad de las relaciones o el desorden que pueda existir en el ambiente donde se desarrolla el encuentro.
En las actividades de carácter protocolar puede percibirse lo que se denomina el arte de la puesta en escena, que tiene su base en el objeto de poder honrarse unos a otros, no sólo según su rango, sino que a esta formalidad se le suele añadir, dado el caso, un sentimiento determinado que se quiere expresar durante el encuentro.
Un aspecto importante del protocolo, que requiere mucha experiencia y creatividad, es lo relacionado con el sentido propio que se desea plasmar a través de proveer originalidad en la organización de un acontecimiento de carácter protocolar, que a menudo es indispensable, siempre en el marco general de lo establecido por las normas.
La práctica del protocolo debe abstenerse de un formalismo excesivo que suele ser bastante frecuente. De este modo, es el sentido común el que debe permitir acercarse a las reglas establecidas, en general, por medio de la experiencia.
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